miércoles, 12 de junio de 2013



LAZOS PROHIBIDOS. CAPÍTULO 1


Ahí estaba de nuevo mi hermano. Otra chica más con la que salía, siempre lo mismo. Todas rubias, ojos claros y tan inteligentes como el suelo de una zapatilla, cosa que parecía que no le importaba.
Desde mi ventana tenía unas vistas estupendas, siempre les daba un beso de buenas noches para despedirlas, debajo de nuestra casa. Esta sería la número cincuenta o algo así, ya ni yo misma conseguía llevar la cuenta, seguro que él mucho menos.
Yo era adoptada, lo había descubierto hace unos meses, mis padres James y Linda Streiton, no eran mis verdaderos padres, porque en mi partida de nacimiento había irregularidades. No eran como las partidas de nacimiento normales, pues ni siquiera ponía el lugar de mi nacimiento.
Yo nunca les dije, ni les diré que se su pequeño secreto, nunca me habían tratado mal a lo largo de estos años y no tenía ningún  motivo para reclamarles nada y si mis padres me abandonaron, yo no quería saber nada de ellos. La partida de nacimiento mía la había encontrado en un baúl del desván, la de mi hermano no estaba, así que, me imagino que él sí, que será hijo de ellos.
La gente nunca había sospechado nada, nuestros amigos y familiares o lo disimulaban muy bien o en realidad no sabían nada del tema. Todo era absolutamente normal y bueno, hay muchas familias que adoptan, a pesar de todo yo era feliz, pero con mi descubrimiento comencé a ver a mi hermano de diferente manera, hasta el punto de enamorarme totalmente de él.
Ese es mi mayor problema, pues yo soy la única que sabe que no es mi hermano. A los ojos de los demás sería el mayor de los pecados y mis padres, bueno no querrían ni en un millón de años, y quedaba la parte más importante, yo para él, era su hermanita tonta a la que molestaba todos los días y de la cual, jamás se fijaría, aunque no fuéramos hermanos.
Así que volviendo a meterme en mi cuarto, me escondí cerrando las cortinas. A pesar de estar en la misma casa, desde pequeños teníamos habitaciones diferentes. La mía estaba al fondo de la segunda planta de nuestra casa. Las paredes eran en blanco con entresuelos en negro y una imagen en vinilo de París como cabecero, que había encontrado en un viaje del instituto. Mi cama era grande, de matrimonio con una funda nórdica en fucsia con flores negras.
Me puse mis cascos, cogí mi móvil y empecé a escuchar mi música favorita, bailando por mi habitación. En uno de los pasos de baile, me giré escuchando Hero de Enrique Iglesias, y vi a Eric en el marco de la puerta, apoyado y sonriendo-que guapo era, podías estarlo contemplando miles de millones de años, que seguía pareciendo un adonis, viviente-me quite los cascos y le miré enfadada.
-No te enseñaron nuestros padres, que se llama antes de entrar a la habitación de otra persona y más si es una chica. Piérdete, Eric-en realidad mi cabeza me decía, quédate y bésame, pero eso no se lo podía decir a él, para todos y para nosotros los dos éramos hermanos.
-Oh, vamos hermanita, no te pongas así, solamente venía a pedirte que si e podías ayudar con las matemáticas, ya sabes que tu eres más lista que yo en estas cosas-como no una sonrisa, enormemente falsa, surcó su rostro. Siempre lo mismo, y eso que el era más mayor que yo, siempre me pedía ayuda para el instituto.
-No te da vergüenza, que yo sea dos años menor que tú y que me pidas ayuda, búscatelas tu solo o mira, también puedes pedírselo a esa tonta rubia con la que te besabas. ¿cuántas van ya, media docena?, eres odioso Eric-esta vez estaba furioso, normalmente pasaba de él, y desde hace algunos años ni le hablaba mucho, pues mis sentimientos hacia él habían aumentado y no sabía si podría estar sin delatarme por más tiempo.
Eric se acercó a mi furioso, como nunca lo había visto antes, y me cogió de la solapa de mi camiseta de tirantes azul, que usaba para dormir. Sus ojos brillaban intensamente, mi corazón se aceleró rapidamenente, su comportamiento inesperado me descontrolaba por completo, y me desarmaba la máscara de indiferencia, que tan bien había tenido, desde que descubrí el gran secreto.
-Suéltame Eric, ¿que te pasa, estás loco?...tengo razón, suéltame, idiota-pero hizo todo lo contrario, bajo la otra mano a mi cintura y me pego más a él de manera que nuestras caras y nuestro cuerpo, estaban a escasos centímetros el uno del otro. No podía moverme, me quede paralizada, las palabras no me salían, que había cambiado, él nunca hubiera hecho eso antes, estaba empezando a ponerme nerviosa. Después de unos interminables minutos, me soltó la mano de la camiseta, pero su otra mano la dejó, donde estaba sin moverla ni un milímetro.
-Alex, ¿estas celosa?-sus palabras me descolocaron, se había enterado, como podía haber sido tan estúpida, ahora me odiaría, pensaría lo peor de mí. Las cosas serían peor entre nosotros- contéstame Alejandra, ¿estás celosa?-tenía que fingir, no era muy buena mentirosa, nunca lo había sido, pero por el bien de mi familia y por el nuestro propio, tendría que serlo.
-¿Estás loco?, porque iba a estar celosa, sino que menudo espectáculo que estabas dando ahí abajo, que pensaran papa y mama...madura un poco, Eric-soltó sus manos, de mi espalda, pero siguió mirándome como si intentara ver la mentira dentro de mí.
-Lo que yo haga no es asunto tuyo, Alex, dejame en paz. Me marcho, la próxima vez llamaré, buenas noches-y se alejó cerrando mi puerta con un sonoro portazo. Yo me quedé allí paralizada, con el corazón como un colibrí batiendo a mil por hora y estando segura, que aunque lo hubiera dejado pasar, mi farsa, era cada vez, menos sostenible.

ERIC

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