PRÓLOGO+CAPÍTULO 1
Prólogo
Cada
noche me pasaba lo mismo cuando miraba al cielo, era como si intentaran
decirme un secreto que no podía descifrar. Las estrellas tan hermosas y
tan misteriosas, como si fueran testigos de mi vida, como si dijeran
algo, como si alguien me esperara y las mirara igual que yo...algo que
me parecía absurdo y que era la razón de mi existencia.
Capítulo 1
Me encanta la
lluvia; gotitas en el cristal de mi ventana que me impiden oír el bullicio de
la calle a mi alrededor.
Me llamo Rose vivo
en un pequeño pueblecito llamado Faire.Durante todo el año
siempre estamos con calor, un clima que me pone de los nervios porque no hay
cosa que mas me guste que dormirme con una manta y un frió que me haga taparme
hasta arriba.
Mi casa está a las
afueras del pueblo, cuando mis padres se divorciaron yo me quede con mi padre
al volver a casarse mi madre. La casa tenía dos pisos y una enorme guardilla en la que solía jugar
de pequeña.La mayor parte del
tiempo la pasaba en mi habitación, me encantaban esas cuatro paredes de color
crema con la cama grande y decorada con una colcha de flores negras al estilo
japonés.
-¿Rose?, se te va a
hacer tarde para ir a clase; mi padre estaba en las escaleras de que llevaban
al primer piso, donde aparte de mi habitación estaba la suya;- ¿Ya desayunaste?- era un hombre alto
con tez oscura y los ojos de un verde claro; por los cuales siempre le odiaba
pues los míos habían salido marrones color miel. Trabajaba como ayudante del
sheriff en nuestro pueblo.
-Si papa ya voy-le
contesté.
Hoy era un día de
esos con calor que tenía un matiz de nublado, con lo cual, hacía calor y algo
de frió cosa que siempre agradezco. Por ello me había puesto unas botitas bajas
de color tierra clarito, un pantalón azul oscuro y un jersey gris claro con mi
chaqueta de cuero favorita.
No hacía ni dos
meses que me había comprado mi coche de segunda mano. Un Seat 131 diplomatic en
color gris clarito que me encanto desde que lo vi en la tienda y que me
conseguí comprar unos meses más tarde con mi trabajo en la tienda de
antigüedades de Boop, s .Mi jefa la señora Nouveau,
tenía una tiendita preciosa en la que yo además de vender o bueno intentarlo,
le ayudaba a restauran las cosas que le comprábamos o nos daba la gente.Era un trabajo
maravilloso que aunque la señora Nouveau no podía pagarme mucho me hacia feliz
y me encantaba.
-Me voy papá, nos
vemos a las ocho cuando salga de trabajar-le dije desde el umbral de la puerta.
-Si hija, ten cuidado
y hoy preparo yo la cena que llegaré antes.
-Sí, bien adiós
papá-mi padre, a diferencia de muchos hombres cocinaba de maravilla, yo no lo
hacía mal, pero con lo patosa que soy siempre me quemaba y manchaba muchísimo
la cocina.
Otro principio de
año en el instituto. Con este solo me quedarán dos y por fin podre irme a la
universidad y aunque me encanta el lugar en el que nací estoy deseando conocer
mundo.
Puse mi móvil de
última generación en marcha con la canción House Rio de janeiro y me dirigí
a mi insufrible instituto.
Carla mi mejor amiga
estaba esperándome en el aparcamiento como todas las mañanas, este verano nos
habíamos visto más de lo normal ya que lo habíamos pasado juntas en una casita
al lado del mar que tienen sus padres.
-Rose, otro año más
aquí menos mal que nos queda poco, todos los años la misma gente y lo más
aburrido del planeta-me dijo Carla con cansancio apoyada en su Ford azul.
-Si aquí nunca
ocurre nada interesante, espero que por lo menos no nos toque la señorita
Roswell en matemáticas porque dicen que es muy difícil aprobar con ella.-nos
llevamos bien con todos nuestros
compañeros pero no compartían digamos la misma versión de la vida como la
veíamos nosotros ya que se preocupaban más por salir de fiesta, besuquearse en
público y dedicarle poco tiempo al estudio.
Siempre nos decían
que parecía que teníamos treinta años en vez de tener diecisiete años y las
hormonas muy revolucionadas.
Estábamos a punto de
entrar por la gran puerta de aluminio que tenía nuestro imponente instituto de
un color azul cielo cuando escuchamos un ruido de coche chirriando ruedas.
Nos giramos y vimos un
Audi RS 5 Cabrio en azul oscuro que reconocíamos porque lo habíamos
visto en una revista y nos habíamos reído imaginándonos a un hombre mayor con
una mujer sin dientes. Miré a Carla y
empezamos a reírnos como si nos estuvieran haciendo miles de cosquillas a la
vez y no pudiéramos parar de reír.
-Mira Rose, parece
que el hombre viejo se va a bajar del coche.-me dijo entre risas.
Pero yo ya no la
miraba, pues no era ni mucho menos un hombre mayor sino un chico alto de pelo
castaño tirando a rubio con unos vaqueros desgastados, zapatos y una chaqueta
negra como de traje haciéndole juego.
Me quedé atontada y
paralizada, cuando cerró el coche y mirando hacia delante nuestras miradas se
cruzaron .Tenía los ojos más bonitos que
había visto en mi vida de un color verdoso con matices castaños que le hacían
tener una mirada vivaz y felina.
Pasó por mi lado sin
dejar de mirarme y yo paralizada ni me moví cuando él me rozo con sus brazos,
contacto que me provocó un corriente eléctrica que me asusto tanto que salte y
vi que el también la había sentido porque se quedo parado, un poco más
mirándome con excitación y después se adentro en nuestro instituto.
-Rose, Rose. Eh...atontada-me dijo Carla zarandeándome-¿estás bien?, joder chica es la primera
vez que te veo así, ¿qué ha pasado?-me dijo alarmada.
-Si estoy bien, no
sé que me ha pasado es como si me hubiera atrapado y no podía dejar de mirarle.
Vamos a clase o llegaremos tarde.
Carla asintió y nos
dirigimos al gran salón de actos ceremonia en la cual nos asignaban nuestras
clases, compañeros y tutores para el nuevo curso.
El salón de actos
era de forma cuadrada con un techo color crema y unas paredes rojizas al igual
que sus asientos. Carla y yo nos sentamos por el medio, pues no queríamos estar
delante como todo el mundo y tampoco detrás con los más rebeldes y
problemáticos del instituto.
-Mira Rose, el
director Roswell se ha traído el traje de su abuela como todos los años.-me
dijo entre carcajadas.
Yo también me reí
sonoramente, por supuesto, pues el señor Roswell un hombre bajito con el pelo
canoso y con una prominente calva, vestía siempre como un esmoquin horroroso
negro y una camisa con volantes blancas.
-Si seguro que huele
a viejo decrepito.- añadí riéndome.
-Bienvenidos a este
nuevo curso académico, para los que no lo sabéis soy Gideon Roswell el director
del instituto Sun Cross. Esto es para los que no me conocéis a los que estaré
encantado de ayudar con vuestras dudas en el curso. Para los demás deciros que
este año tenemos novedades. No toleraré malos modales o tonterías ya son
ustedes mayorcitos y hemos preparado algo especial.-dijo con tono solemne.
El colegio ahora tenía
unos papeles de expulsión e incidencias por el que te mandaban a casita si
cometías alguna falta de comportamiento que verían tus padres en casa, pues
tenían que firmarla. Yo tampoco es que fuera una alumna brillante, pero nunca
había tenido problemas, ni me habían convocado al despacho del director.
A
continuación-continuo Gideon-diré las clases que os tocarán a cada uno. Atended
que este año tenemos novedades, debido a nuestro aumento de alumnos nuevos.
Este año a Carla y a
mí después de haber estado juntas desde párvulos nos tocaba separadas, porque
como teníamos al nuevo nos había separado de clase. No había pasado ni un hora
y ya lo odia porque por su culpa me tocaba con él y con las mas pijas de mi instituto.
Treinta
interminables minutos después salimos del salón de actos como ganado todos apretados.
Teníamos diez minutos para tomarnos algo en la cafetería y volver a las aulas
para conocer a nuestros profesores.
Carla y yo nos traemos
siempre algo de casa, porque la cafetería, aunque era enorme en forma
cuadrada con unas columnas blancas en
medio y una gran barra se llenaba en
estas ocasiones y no había quién pudiera pedir nada.
Siempre nos
sentábamos al lado de la cafetería donde había un pequeño parquecito que se
usaba para los peques y que en nuestros horarios no solía haber nadie.
Ten cuidado con las
pijas Rose y con ese chico nuevo, no se tiene algo que no me gusta.-me dijo
Carla arrugando las cejas
-Tranquila no me va
a pasar nada, ya sabes que yo voy a lo mío, no creo que me coman, aunque no me
queda nada con esas pijas.-le dije yo.
A los pocos minutos sonó
la campana. Carla y yo subimos las escaleras y los tres pisos, para después
meternos en el enorme pasillo y separarnos, pues a mí me tocaba la primera
puerta y a ella la segunda.
-Nos vemos después,
ten cuidado-dijo ya casi en la puerta de su clase.
-Sí, si pasa algo mándame
un mensaje.-le conteste yo
Nada más llegar me
encontré con el chico de antes sentado encima de una de las mesas, que eran de
dos con un mismo pupitre, y rodeado de las chicas pijas como el centro de
atención.
El sonreía y no
paraba de hablar con aquellas tontas babosas que como no, querrían unir a otro
chico guapo a su grupo. Yo me senté dos pegada a la puerta, pasando de él y de
todas ellas como siempre había hecho desde que era pequeña.
A mí también habían
querido reclutarme hace unos años cuando ellas empezaron a vestir así y a
comportarse como unas pijas. Yo no es que sea una belleza, pero con mi pelo
negro largisimo, y mis ojos marrón clarito que cambian de color con las luces
solían mirarme bastante.Pero ni ellas, ni
los chicos me interesaban yo tenía a Carla y odiaba a la gente estúpida como
ellos.
Fue en ese momento,
cuando mire para las ventanas y lo pille mirándome con esos ojos preciosos
suyos y volví a sentir algo. Esta vez como un calor muy grande, como si su
humor hubiera cambiado y yo pudiera sentirlo.Me dije a mi misma
que era una tontería y le gire la cara, al tiempo que aparecía nuestra nueva
tutora: Elena Rodríguez.
La mañana se pasó
lenta. Hoy como todos los primeros días del nuevo curso solamente teníamos
presentaciones.
La tutora para mí
desgracia decidió que para que nos conociéramos mejor debíamos cambiarnos cada
mes de sitio. Mañana sería la primera vez y elegiríamos mediante una urna con
quién nos tocaba a cada uno.
Me despedí de Carla
y me dirigí al trabajo. Fue una de esas tardes que estabas reventada, además
nos entro mercancía nueva y tuve que cargar miles de cajas al almacén. En un
momento de la tarde me había parecido haber visto al chico nuevo pero, qué
tontería ya estaba tan cansada que me parecía verlo en todas partes. Había
estado todo el día con el grupo de las pijas y yo pasé de él después de lo de
la ventana. La tutora lo había llamado Alan Stars y al parecer venía de Nueva
York porque el padre, ingeniero nuclear, lo trasladaban a la central que
tenemos en las afueras de nuestro pueblo.
Llegué a casa
cansadísima y solo pensando en acostarme para mañana aguantar otro día más de
instituto. Mi padre preparó salmón al horno que le quedo de muerte. Después yo
escuché un poco de música, hablé un poco con Carla y me dormí.
Me desperté temprano
sobresaltada con una horrible pesadilla que se me había colado el tal Alan el
importante.
En ella estaba en un
castillo de la una antigua época que estaba en llamas. Una mujer pelirroja
gritaba que huyera que nos atacaban. Fue entonces cuando él apareció en un
caballo blanco y me sacó de allí, mientras yo lloraba gritando que me dejara
con aquella mujer.
Fui a la ducha
enseguida, necesitaba relajarme desesperadamente. Me vestí con un vestido negro
de gasa y unos medias negras por encima de la rodilla con unas botas grises con
pelo en por dentro. Para acabar me puse mi collar dorado de perlas que quedaba
precioso y salí de mi cuarto.
Mi padre me había
dejado una nota; se fue más temprano porque tenía algo urgente en la comisaría
y también que hoy me tocaba a mí hacer la cena.
Llegué al instituto
y aparqué mi coche, no sé si era yo, pero sentía que todos mis compañeros me
miraban e incluso se paraban cuando pasaba. Fue cuando entré por las puertas,
que vi a Carla corriendo hacia mí.
-Rose, Rose tienes
que venir enseguida a tu taquilla no te lo vas a creer-me dijo toda alterada.
Mi taquilla estaba
al final del pasillo, llevaba con la misma taquilla desde que entre en el
instituto, pues te la asignaban cuando entrabas con tu número para tenerla
hasta que te graduarás o te fueras de allí.
Fue entonces cuando
lo vi estaba delante de mi taquilla como admirando el espectáculo, sonriendo,
algo que me cabreó esa sonrisa sarcástica y de suficiencia me ponía enferma.
Carla me tiró del
brazo y enfoque con espanto mi taquilla .Estaba toda llena de rosas pegadas en
la puerta, mi flor favorita en color rojo, exactamente las que más me gustaban.
Abrí completamente sorprendida mi taquilla y dentro había un libro que yo no
había visto nunca en mi vida. En el titulo se podía leer: “El significado de
las estrellas y los secretos que esconden los nombres”.
-No me dijiste que
tenías un admirador secreto, tienes que contármelo todo Rose, esas cosas no se le
ocultan a las amigas-me soltó Carla.
-¿Qué dices?, yo no
sabía nada de esto y no tengo ninguna cosa de esas. No entiendo cómo me han
puesto esto, ni quién fue y como es que sabia mis flores favoritas-dije
tremendamente cabreada.
-Pues no se chica,
pero fuera quién fuese se ha tomado muchas molestias.
Dejé el libro en la
taquilla, después me lo llevaría al salir, y fuimos a nuestras clases.
Hoy nos tocaban los cambios de sitio en clase y como
me imaginé al principio con mi mala suerte, mi nuevo compañero sería Alan
durante un mes o sería mejor decir, el señor me rió de todo.
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